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WASHINGTON, D.C.— Abel Barrera mira a un punto fijo cada vez que recuerda a las comunidades indígenas del estado de Guerrero, México. Incluso, a veces, cierra fugazmente los ojos para rememorar con más agudeza los tiempos en que aró los campos o cortó elotes con ellos. Lo hace también cuando se refiere a la falta de respeto y dignidad con que se les trata. Es un mensaje que trae directamente a Washington para quien lo quiera escuchar.
Las manos morenas de Barrera se ven curtidas a simple vista. Su aspereza al tacto denotan años de trabajo. Su agilidad al moverse mientras platica, hablan de la costumbre con que este antropólogo se dedica a expresarse en representación de otros.
Un camino que lo llevará a recibir el premio de derechos humanos Robert F. Kennedy el próximo 19 de noviembre. Éste se suma a una lista de reconocimientos provenientes de la Fundación McArthur en 2008,WOLA y Global Exchange en 2009.
"En mi pueblo natal, Tlapa, desde pequeño veía cómo se detenía a los indígenas, cómo los llevaban, desde la montaña, amarrados como animales. Estigmatizados como salvajes y tontos. Hoy esto sigue pasando", dice.
Una realidad frente a la que Barrera hizo algo. Tras un camino que incluso lo tuvo a las puertas del sacerdocio, en 1994, fundó el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan (CDHMT).
La organización da asistencia legal, psicológica y apoya a las comunidades indígenas para mejorar su acceso a salud y educación. En años recientes se ha destacado por litigar contra México en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Entre los casos más conocidos se encuentran los de las indígenas Me’phass, Inés Fernández y Valentina Rosendo, quienes fueron violadas por miembros del Ejército mexicano en 2002. "Estos casos nos han marcado mucho en Tlachinollan. Ahí se puso a prueba nuestro trabajo como defensores", explica.
Pero esto es sólo la punta del iceberg frente a la realidad con que Barrera se ha enfrentado por más de 14 años. "Documentamos el caso de tortura de un maestro que se llama Majencio Severino Domínguez. Lo amarraron a una tabla, le pusieron agua y le comenzaron a dar toques eléctricos. Le decían que confesara quiénes estaban en la guerrilla. Quiénes llevaban las armas al pueblo. Él había recibido propaganda del Ejército Popular Revolucionario", explica.
"Le pusieron agujas en los dedos y le decían: ‘tienes que confesar, esto le estamos haciendo a tu hijo’", rememora. Fue aquí, con este caso, en 1998, cuando Barrera recibió las primeras amenazas a su trabajo. Le siguieron otras, ocurridas en 2001, y que incluso implicaron acompañamiento policial por dos años. Ahora, después de los casos de Inés y Valentina, no sólo él, sino varios de los integrantes de Tlachinollan, sienten el acoso.
"Tenemos temores fundados de que pase algo. La etapa de la postsentencia es una de las más peligrosas. Sabemos que hay reticencias del gobierno. Hicimos 15 denuncias que interpusimos desde 2009 hasta la fecha", cuenta.
"No hay interés de castigar a los militares que violan los derechos humanos. No se quiere restringir el fuero militar. Con esto se manda un mensaje de impunidad. Este es el peor recado que hemos recibido del gobierno de México. Felipe Calderón no está comprometido con los derechos humanos, ni tampoco con los pueblos más pobres del país".
"No tiene voluntad para cumplir las sentencias. Se empeña más en mostrar un México falso a través de discursos y declaraciones, pero en la práctica nuestro nación se está desangrando", agrega.
Un mensaje que Barrera da a todos los que lo quieran escuchar y que parece particularmente sensible, en momentos en que el gobierno y Congreso estadounidenses no han dado detalles específicos sobre el siguiente paso respecto a la Iniciativa Mérida.
De hecho, junto a miembros del centro RFK, Barrera tiene programadas una serie de reuniones en oficinas del Capitolio con el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional. Esto, además de haber sostenido encuentros con la embajada de Estados Unidos en México. Un trabajo que Barrera espera que vaya más allá de los gestos diplomáticos y apretones de manos.
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